Especiales de los Chalacos

Introducción

Enrique Vigil Zúñiga, peruano, chalaco, hijo de don Eleuterio Vigil Peláez y de doña Estilita Zúñiga Lazo, nació el 14 de Noviembre de 1937 en la Calle de Moctezuma No. 254. Las cuadras 5 y 8 de los Jirones de Ayacucho y Venezuela fueron testigos de las travesuras de su niñez. Es miembro de la Promoción del año 1955 del Colegio América - High School donde cursó sus estudios primarios y secundarios. Se dedicó a la actividad portuaria en el Terminal Marítimo del Callao donde tuvo destacada actuación. Fue becado en dos oportunidades por los gobiernos de Francia y Gran Bretaña para seguir cursos de especialización portuaria. Actualmente se dedica a la actividad empresarial y gerencia su propia empresa dedicada al alquiler de montacargas y distribución física. Está casado con doña María Taboada del Corral y tiene cuatro hijos.

EL POLVO DE LA PAZ

(Autor: Enrique Vigil Zúñiga)

El descanso dominical estaba llegando a su final y mis sueños como ángeles de las bolas de oro, habían pasado la noche deliberando la posibilidad de un sobre tiempo reparador, pijama incluido. Pero como todo no resulta como uno desea, el sol, más madrugador que nunca, tocaba mis ventanas anunciándome que muy pronto debía ponerme a órdenes de mis cotidianas actividades.

Así, mientras la hora capital se acercaba a la meta, los improperios que intercambiaban el chofer de un camión con el de una combi me despertaron de súbito, parecía como en otras tantas ocasiones, que los dos hombres sostenían tener derecho al pase en preferencia por la media pista existente, pero ninguno declinaba en sus posiciones a pesar de las amenazas que se proferían. Me recliné ligeramente y pensé: éste es un asunto de todos los días, no me explico porqué la gente le gusta amargarse tan temprano... y eso que de un tiempo a esta parte no se habla de otra cosa que de la paz, la amistad y el amor; debería ser otra la conducta de las personas, sin embargo, éstos en un asunto tan sencillo no se ponen de acuerdo... ... ¡que tal jeringa!

Pero mientras todas estas ideas transitaban por mi cerebro, aún en trance de despertarse, el grueso calibre de los agravios de los beligerantes que hacían estremecer hasta las raíces de los viejos troncos de sus respectivos árboles familiares, me ubicaron nuevamente en la onda y murmuré: ¡Caramba!, otros jamás llegaron a terminar ni siquiera los 3 minutos del primer round, pero éstos, parece que ya van por el tercer o cuarto asalto y, sino me equivoco, tienen toda la intención de llegar a las doce campanadas. Rápidamente me puse de pié y acercándome a la ventana, que por su ubicación en relación a la pista de los acontecimientos se ha convertido en una especie de silla de ring, traté de ubicar a los contrincantes a través de los empolvados vidrios... ... ... ¡maldición!, murmuré: cuándo será que la diosa fortuna premie a alguien de la familia y lo nombren alcalde del distrito, desde mañana elevaré mis plegarias vía Sarita Colonia que, según dicen, hace milagros como cancha, además, con un poco de suerte y, si de milagros se trata, hasta yo puedo salir agraciado... ¡que caray!. Porque los que ahora están en el Cabildo no parecen estar interesados en buscar solución a este problema disponiendo se pavimente la pista que falta, en tanto, el polvo que levantan los vehículos que transitan sobre el terral será motivo de nuestra permanente protesta... ... ¡Claro!... ..., como ellos no son de los que pasan sus días de descanso fregando lunas y pisos..., porque dentro de la casa el polvo es tan persistente que a nuestras amistades y visitas tenemos que decirles que forma parte de la decoración.

A veces me pregunto cuán cierto será aquel adagio que reza: "de polvo fuiste hecho y al polvo volverás"... En cuanto a lo primero, no tengo la menor intención de polemizar sobre este teologizante y no menos ruboroso tema, porque corre uno el riesgo que se entere la familia y luego los chicos se interesen por tomar antes de tiempo cátedras para las que ellos aún les falta madurar y años de experiencia antes de doctorarse. Respecto a lo segundo, yo no me explico porque morir para ir al polvo, si estamos todo el día viviendo envueltos en él, y, en la noche, tampoco deja de ser problema, según la discreta encuesta realizada entre las amas de casa del sector afectado, para beneplácito de los quejosos, todas respondieron estar atormentadas con el "asunto", con excepción de la viuda de Ramírez, que parece haber encontrado solución al caso no abriendo las... puertas de su casa. En este particular caso, respetamos esta firme decisión mientras dure la viuda o la... viudez.

Nuestros beligerantes personajes habían descendido de sus vehículos y acompañados de mortífera artillería verbal, que haría palidecer al más pintado exorcista, se encontraron frente a frente; por un instante, agradecí a Dios que mis pajarracos durmieran aún y no escucharan tan rebuscado léxico y refinada fraseología, porque desde que les compré el diccionario "Oficial", que en la modesta opinión de mi bolsillo es uno de los mejores, ellos andan con él bajo el sobaco tratando por todos los medios de demostrarme su obsolescencia. Me pregunto, qué mejor oportunidad hubieran tenido de no encontrar en el referido ejemplar los complicados términos expresados por los belicosos, dejando insatisfecha su natural curiosidad infantil, entonces, quedaría sin remedio reconocido el reclamo y tácticamente aceptada la bastante exigida adquisición de la Colección Quillet, con lo que, a su vez, postergaría un año más la renovación de mi "Ventiúnico plomizo de tres botones" que el próximo mes de Abril cumplirá sus seis tiernos pero leales años de vida.

Largas colas de vehículos se habían formado ya en ambos lados, y también sus choferes con algunos molestos pasajeros habían descendido y se arremolinaban alrededor de nuestros personajes centrales. Unos, los más pacifistas, trataban de calmar los ánimos, otros, expresaban su inclinación hacia uno u otro lado, entablando entre ellos nuevas polémicas tan airadas algunas que daban marco a la escena principal. Al ver este cuadro, me sentí transportado en silla de ring al famoso Madison Square, expectando una pelea de box confundido entre locutores, comentaristas, entrenadores, promotores, apostadores, gángsters y guardaespaldas, es decir, todos los ingredientes indispensables en nuestros días para hacer importante un encuentro.

El ulular de la sirena de un patrullero me trajo rápidamente a la realidad y tanto los contrincantes, que ya estaban a punto de clinch, como los demás personajes de nuestra historia, quedaron estupefactos y paralizados por unos segundos, tiempo suficiente para que el patrullero, cuyo piloto, a mi modesto entender, debió haberse brevetado en Indianápolis, sorteando montículos, eludiendo obstáculos y dando brincos, pasara raudo en dirección al Hospital Carrión. A pesar de la vertiginosa acción, pude observar que el vehículo conducía a una mujer de cara compungida y abultado vientre, que iba siendo solícitamente atendida por un guardia civil más pálido y asustado que marido infiel sorprendido por su suegra. Cual singular artista, la mujer había iniciado gozosa hacía poco más o menos nueve meses su obra máxima que, el día de hoy, indefectible e impostergablemente, presentaría con orgullo a la sociedad en alguna sala... de la maternidad. El patrullero en su vertiginoso y accidentado paso levantó tal cantidad de polvo que, por un momento, fue difícil poder identificar quiénes eran unos ú otros y tanto griegos como troyanos, levantaron sus puños en actitud enfurecida y dirigieron sus imprecaciones contra el causante de tan irrespirable ambiente. Movidos como por un resorte, todos regresaron velozmente a sus vehículos y sin poder determinar quién fue el que al final cedió, se fueron retirando con los rostros enmuecados por la rabia y escupiendo el polvo que habían tragado. Finalmente, quedé solo, como mudo testigo de lo acontecido, volví a acostarme y antes de conciliar nuevamente el sueño murmuré: ¡que milagroso es el polvo!..........................


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