Especiales de los Chalacos

Introducción

Chim Pum Callao se viste de gala y tiene el agrado de presentar al escritor, historiador, narrador y periodista chalaco, Ricardo Pérez Torres Llosa. Don Ricardo Pérez Torres Llosa es uno de los chalacos promotores del chalaquismo y cuyas obras sobre el Callao permite rescatar conocimientos valiosos sobre nuestra historia. Entre sus obras figuran: "Chalacos en el Morro", "El Callao, Provincia Litoral", "Armas y Tricheras", y otras interesantes obras. Tuve la fortuna de presenciar en el Instituto Nacional de Cultura del Callao, la presentación de su fascículo "20 de Agosto (Historia de una Provincia Litoral)". Fue un honor conocerle y conversar con él. Le mencioné sobre la creación de la página del Callao y sobre mi visita en busca de material; el historiador en un gesto de su gran calidad humana me obsequió algunos fascículos de su creación para mi estudio. Y en respuesta le ofrecí presentar una de sus obras, a lo cual, gentilmente accedió.

Es por eso que Chim Pum Callao se place en presentar en forma condensada la historia de una de las grandes tradiciones del Callao: El Señor del Mar.

El Señor del Mar

Patrono del Callao

(Breve historia de la ruina del Presidio el 28 de Octubre de 1746
y sobre el Cristo de la Caña hallado en 1756)

Autor: Ricardo Pérez Torres Llosa


De la ruina al hallazgo

Durante la primera mitad del siglo XVIII el Callao no tuvo muchas construcciones. Antes del desastre de octubre de 1746, el Callao no estaba muy bien cimentado. Conocido como Presidio, comprendía el amurallamiento levantado durante 1624 por el Marqués de Guadalcázar y la ciudadela construida en 1640-1647, gestión del Marqués de Mancera. Tampoco existía la fortaleza del Real Felipe.

El Callao, localizado en la región de la costa sector centro occidental, recibe los efectos, directamente, del llamado cinturón de fuego circumpacífico, o sea, está dentro de una zona de alta siismicidad. Asi, desde 1586 hasta 1974, seis terremotos lo han destrozado, el de menos magnitud fue el de 1966 (7.0 grados de la escala de Mercally Modificada), sin embargo lo sobresaltó. Ahora, de los 16 maremotos, el 50% lo hizo trizas.

Cabe apuntar lo siguiente: desde la colonia hasta 1746, el Callao -lo indicamos líneas arriba- era conocido con el nombre de Presidio, que no significa prisión sino una población amurallada, lista a defenderse de los ataques de afuera, principalmente de los filibusteros. Empero los fuertes de España lo designaban usando la palabra Callao. Confirma aquello las instrucciones de Pedro de la Gasca, cursadas el año 1547.

Otra cosa, el viejo Presidio alojaba plazas, sitios notables e iglesias. Mencionamos, aparte de los templos, la casa parroquial y la Puerta de la Mar (acá se dio la brecha que abrió la masa de agua), la Casa de Gobierno, el camino a Lima, el sitio que hacía la aguada, la Plaza de Armas, el muelle Real, la Ramada, el antiguo Pitipiti (fuera de las murallas, en el centro izquierdo, mirando hacia La Punta), etc. Los baluartes fueron los siguientes: San Miguel, San Ignacio, Santa Cruz, Santa Catalina, Santiago, San Juan Bautista, Santo Domingo, San Felipe, San Luis, San Lorenzo, San Francisco (cerca al Pitipiti), San Pedro, San Antonio, los cuales rodeaban, como ánimas de santos, al Callao, a ese Presidio que no respetó la furia de octubre de 1746, dejáandole sólo unos trozos de la muralla, dos puerta grandes a modo de recuerdos tristes.

Lo acaecido el 28 de octubre de 1746 marca un momento de espanto en la historia de un pueblo. Era como si una fiera hubiera escapado y convertía en polvo todo lo que pisase. Ninguno de los mortales de esos tiempos pensó que tal fenómeno se daría realmente. Fue una especie de apocalipsis en un espacio determinado.

Aquella vez el mar inundó más de un cuarto de legua, lo afirma José Eusebio Llano y Zapata. Se trago las cuatro murallas principales, incluso la que era de piedra de cantarilla. Quedaron destrozados los baluartes, especialmente los nueve que miraban a tierra. Sostienen los entendidos que las aguas vinieron del norte y noroeste, al chocar con el cabezo de San Lorenzo no siguieron hacia el sur, la masa líquida se dividió llegando una parte al centro del Callao. Acaeció el desastre natural a las 10:30 p.m. En Lima el sismo tuvo una intensidad muy fuerte, cayéndose 25 casas de las tres mil que habían, muriendo de mil a cinco mil de 60,000 pobladores. Las olas alcanzaron los veinte metros de altura originando la destrucción total del Callao, muriendo 4,800 personas, apenas si salvaron 200, los marinos y pescadores, residentes estos últimos fuera de la muralla; los presos de la isla de San Lorenzo, "condenados a trabajos forzados". También 22 escaparon de la muerte por estar en el bastión Santa Cruz, los demas eran arrojados más de dos leguas de arruinado Presidio. La ola parecia una trompa contra quel viejísimo fuertes sin embalsarse, por eso de sus camaras pudo retirarse la pólvora guardada sin humedad.

Las olas, según cierto marino sobreviviente de la fragata "San Fermín", fueron mas altas que la propia isla de San Lorenzo, formadas a dos millas de distancia. El maremoto se inició, lo dijimos, al chocar las susodichas contra Sina, dividiendose en dos para asolar el Callao de norte a sur, traspasando la península. Llegó a desbordarse por Chorrillos. Las aguas llegaron hasta un fundo sito entre el Callao y Lima: la hacienda Aguilar, escogida después para fundar el pueblo de Bellavista al promediar 1747 bajo la advocación de San Simón y San Judas Tadeo. El Marqués de Obando, jefe de la Escuadra y General del Mar, dijo que hasta la hacienda Chacra Alta el oleaje arrastró al "San Fermín" con sus treinta cañones. Y donde estuvo el Hospital San Juan de Dios varó el "San Antonio", de Tomás Costa, construido en Guayaquil. Aquí quedo fondeado asimismo el "Michelet" de Adrián Corzi; mientras el "Socorro" de Juan Bautista Baquíjano, que había arribado de Chile ese fatídico día, vino a parar a los sauces del viejo Pitipiti (hoy Chucuito). Eso sí, la artillería del fuerte quedó enterrada.

Después del maremoto, Manso de Velasco mandó construir la capilla interina en Bellavista.

El Sagrado Hallazgo

Pues bien, la imagen del Señor del Mar se descubrió al existir la capilla provisional de Bellavista, dedicada a San Simón y San Judas. Los esposos Casavilca, él: don Antonio, pescador, fueron quienes encontraron, después de diez años de la tragedia del Callao, y en San Diego, antiguo fundo Aguilar, la ahora Bellavista, al considerado Patrono de la Provincia Constitucional, esta ciudad mariana. Estaba dentro de una caja de madera. El hallazgo tuvo ribetes asombrosos. Gran noticia. Era una talla de fina madera, por su posición representaba a Cristo. Se le llamó primero Señor de la Caña, Señor Justo Juez, luego lo bautizaron como Señor del Mar, despertando así un profundo sentimiento religioso. Los fieles construyeron una gruta, convertida posteriormente en la capilla de Bellavista, adonde se le condujo.

El Señor del Mar, cuya existencia simbólica supo de la primera piedra tendente a edificar la fortaleza del Real Felipe (1º de agosto de 1747), terminada en 1774, un pentágono menos extenso que el viejo Presidio donde no permitióse en sus límites ningun establecimiento religioso ni barracas de particulares, constituye una obra de quilates, se atribuye su autoría al sevillano Juan Martinez Montañes, cuyo estilo existía durante la primera mitad del siglo XVII. Se trata de una imagen que se presenta con las manos estrechadas, los cabellos como de peluca, las piernas algo sueltas. Da la impresión de ser un personaje alistado para representar un drama de la pasión. Su mirada es dolida, al mismo tiempo firme. Esta sentado sobre una peña. El anda suya pesa dos toneladas, la cargan 24 hermanos.

Para conmemorar el terremoto del 24 de mayo de 1940, al Señor del Mar se le rinde culto sacándolo en procesión. Ese desastre también tuvo consequencias funestas, hasta la actualidad vigentes. Se inició a las 11:35 a.m. Duró un minuto con 32 segundos. Era una eternidad su sacudida. El suelo se agrietó. En mayo, pues, y sólo ese día, es sacado procesionalmente.

El solemne novenario, la festividad del Señor de Octubre, comienza la segunda mitad del décimo mes del año. La imagen es trasladada de su altar a sus andas de plata, asiste todo el cuerpo directivo de la Hermandad, inclusive los hermanos y hermanas integrantes, venerando de dicha manera al Protector del Callao. Luego las cuadrillas o sahumadoras le ofrecen misas desde el día 17, a partir de las 7 de la noche. El 28, a las 7 de la mañana, una misa celebrada en su honor por el Obispo del Callao dará inicio a la conmemoración del hallazgo de la sagrada imagen.

La Cruz Blanca es una de las tres inmisas que presenta el Callao en sus caminos. Leyenda, mito o lo que sea, dichas cruces existen como testigos de un antiguo historial. La primera, la ubicamos entre Colón y Salom, junto al Mercado Centra; la otra se puede ver en la Legua, la tercera está en La Punta.

Son maderos sencillos; pero de honda significación.

Aquel 28 de Octubre de 1746 el campanario de la parroquia Matriz anunciaba las diez de la noche. Celebraba la fecha la fiesta de San Simón y San Judas Tadeo, patronos del Callao. Al rato llegó la tragedia. Entonces la nave "San Fermín", una fragata de buena factura, fue varada como si hubiera sido un barquito de papel, cayó en la esquina de Salom con Colón, uno de sus mástiles precisamente sirvió para hacer la referida cruz. Allí los franciscanos ofrecían semones durante la festividad del Señor del Mar, de eso hace muchos año; además la mujeres del Mercado de Abastos cuidaban la ermita cuyo interior exhibía cuadros religiosos, ahora desaparecidos. La Cruz Blanca muestra el rostro del Cristo que padece.

La segunda cruz, sobre una peana sencilla, casi plantada sobre tierra, fue erigida por los creyentes al lado de la ex Factoría de la Compañía Nacional de Tranvías, cerca al Santuario que aloja a la Virgen del Carmen. Se asevera que hasta allí avanzó el mar, "hasta ese paraje" silencioso. Por tener altura el terreno, Lima pudo salvarse, de no haber sido así otro sería el cantar, incluso se hubiera cumplido la profecía de Santa Rosa.

Acerca de la punteña no hay mayores datos. En este lugar que fuera barrio de pescadores, antes de devenir balneario, aquélla estuvo al costado del recordado casino Miramar, ahora descansa en un lado de la playa cercano a los restaurantes de mariscos, al malecón, con frente cuasi al Club de Leones. Hasta 1915 se organizaban solemnidades el primer domingo de mayo, la víspera solían llevarla enm procesión a la iglesia Matriz, oficiándose una misa, luego a la 10a.m. regresaba a La Punta, previa otra liturgia en la capilla del distrito, cuando todavía no era parroquia.

El Señor del Mar es como el de los Milagros de Lima, el de los Temblores en Qosqo o el de Luren en Ica. Solamente se diferencia de los otros porque parece un humano llevado en hombros. No constituye la pintura de caballete ni resulta bulto de yeso. Idéntico al origen del Callao, no presenta una partida de nacimiento. Vale como tal. Además apareció de pronto. Ningún papel dice quien fue exactamente el autor de la imagen. Se habla de Martinez Montañés. La documentación desapareció al producirse la ruina. Parece que iba hacia otros destinos geográficos. Lo cierto es que se hizo para quedarse en el Callao.

De ser el autor Juan Martinez Montañés, se ha inmortalizado. Empero, ¿quién es él? Fue un escultor y arquitecto, había nacido en Alcalá la Real (Jaén) en 1568. Está considerado uno de los representantes imagineros de España, contribuyendo su ate a la difusión del barroquismo. Entre las obras suyas consignamos San Juan Bautista, La Virgen de las Cuevas, Santo Domingo de Guzmán, Cristo de la Buena Muerte (en el Museo de la Universidad de Sevilla), San Miguel (en Jerez), La Dolorosa (en Berlín), etc. América, especialmente la iglesia de San pedro de Lima, conserva algunas imágenes talladas por dicho insígne artista. Murió el año 1648.

La obra expresa muchas inquietudes, la consideramos una maravilla. Ese acabado único le otorga solemnidad, un carácter grandioso de intenso dramatismo. La disposición de las ondas de la cabellera y de la barba son asombrosas, los propios pies y manos dan proporción al continente del personaje místico. La mirada, sobre todo, alcanza lo admirable. Y los ojos bien abiertos traducen angustia. La boca es de dolor. También sostiene la caña como si hubiera concluído una música de calvario.

Imagen de devoción, escultura de admiración, el Patrono del Callao reside en Marco Polo 248. Allí le aconseja a sus fieles: "Si alguien me ama, cumpla mis Mandamientos". No en vano "el Viejo" es "Jesús El Salvador, que calma las tempestades".

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